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El Icbrg que aguantó el cambio climático

Cada empresa, cada individuo, tiene su historia personal, lo que nos define, eso que llevamos dentro y se va tejiendo, construyendo y forma parte de nuestra personalidad. Vivir determinados acontecimientos a todos nos marca, por eso, siempre que encendemos la radio o entramos a un bar y oímos una concreta canción, nos acordamos de alguien con cierta nostalgia. Pasa lo mismo con los lugares en los que crecemos y pasamos la infancia -todos tenemos un rincón en los que se sentaba abuela o mamá a vernos jugar- y que una vez crecemos, les seguimos guardando anhelo, tanto como si nuestro recuerdo, les permitiese la vida eterna. En definitiva, es lo que todos tratamos y pretendemos, pasar por el mundo haciendo el máximo ruido posible para dejar nuestra huella en la historia, porque no existe nada peor, que pasar de puntillas y sin que nadie se de cuenta. Con esta filosofía nace icbrg, sin las pretensiones de nadie, pero con las ganas de todos, con mucha pasión y dedicación y, sobre todo, muchísimo esfuerzo y cariño hacia un proyecto que hoy por hoy, acaba de cumplir 20 años.

En junio de 1998 un Juanjo con algunos años menos se graduaba en la carrera de económicas, en esa época, cercana, pero lejana en el tiempo ya, existía el servicio militar obligatorio, lo que hoy conocemos como “la mili”. Juanjo decide hacer objeción de conciencia y, por tanto, durante el año y medio aproximado que esta dura, se pone en busca de trabajo. Pero, si algo caracterizó al 98´ es la crisis mundial que daba coletazos desde el año anterior que había aflorado en Asia y Rusia. En este contexto era imposible encontrar trabajo debido a que ningún negocio estaba dispuesto contratar a una persona con la prestación social pendiente. Así que, se echó al hombro junto con otro compañero la mochila del emprendimiento y… No, en esta historia no hay sótanos del éxito, hemos dejado esa americanada para otros. Con la ilusión del que lo abarca todo, Juanjo y su amigo José Carlos, deciden poner en marcha una gestoría, de la cual, la identidad corporativa sería hecha por Sergio, ya que él había estudiado publicidad y se había especializado en diseño gráfico. Por desgracia, la aventura no dura demasiado y seis meses después, a finales de octubre, echan el cierre debido a que su compañero encontró un buen trabajo.

Sergio, que era amigo de la infancia de Juanjo le propone ir a casa de los padres de él y montar un estudio de diseño gráfico. Así que, Juanjo fue a la oficina y cogió todo aquello que había comprado para la consultoría y lo trasladó a la residencia de su amigo, sería un mes y medio duró donde planificaron todo aquello que tenía que ver con aquel estudio, donde Sergio se encargaría de la parte de los logotipos, las tarjetas de visita y demás, mientras que Juanjo sería el responsable de ventas, y así es como icbrg estudio dio su primer paso.

En las navidades de 1999 estos dos amigos de la infancia ven como en el camino que estaban empezando a construir, aparecen algunas piedras. En estas fechas Juanjo recibe una oferta de trabajo del centro de seguros de una importante marca comercial, por lo que tiene que ir a Madrid durante tres semanas a hacer la formación. Finalmente, es contratado en horario de lunes a sábado durante 5 horas al día, mientras que, Sergio a su vez ejercía de enfermero en turno de noche. Pese a esto, deciden continuar con aquel proyecto que acababa de arrancar sin saber muy bien a donde les iba a llevar.
Pasadas las fiestas, el 7 de enero, salen por primera vez a la calle. Juanjo escondía bajo su carpeta lo nervios y temblores de la primera vez. Habían preparado unos rediseños de tarjetas de visitas de negocios de conocidos familiares. Él era un chico tímido con la gente ajena y le costó mucho arrancar, apenas visitó cuatro negocios de los que fue echado sin la oportunidad si quiera de hablar. Cabeza baja, nuestro “cuentas” estaba decidido a abandonar, cuando de vuelta a casa encontró su oportunidad

Más de 20 años han pasado desde aquel 7 de enero en el que un joven Juanjo pisase la calle por primera vez para arrancar un negocio y salir de la burbuja de las facultades en las que no te preparan para el fracaso. Después de dos décadas todo ha cambiado mucho en Málaga, incluso en él mismo, pese a que su esencia sea la misma, ha dado lugar a alguna que otra marca de expresión en la cara, el pelo algo más largo y unas gafas que evidencian unos grados de miopía de más.
Juanjo pasea por las calles, nostálgico, como el que recuerda algo, sin saber bien lo que es, pero produciéndole satisfacción. Decide, impulsado por esa morriña, emprender el mismo camino que ese 7 de enero, donde empezó todo. Caminando, se da cuenta de que en la ciudad todo ha cambiado, pero llega al punto donde aquel día su vida dio un giro inesperado.

Mientras volvía a casa cabizbajo pasó por delante de una peluquería que no tenía tan siquiera un rótulo. En su fachada estaba postado un joven con bata blanca y pitillo en mano, de la misma edad de Juanjo, detalle que encendió en su maltrecho ánimo un halo de esperanza. Titubeó unos instantes, pero pasado unos metros, cogió fuerzas y retrocedió para hablar con él. De esta manera, pasó a ser nuestro primer cliente con un pedido de 100 tarjetas de visita y nuestras primeras ¡2.000 pesetas! (12 euros para los que no estéis familiarizados con esta moneda, je je).

Barbería Jose. 20 años después, sigue abierta y con el “sello de la llama en su imagen”, lo que demuestra la moraleja de nuestra historia: Decidió estar con nosotros cuando apenas andábamos tambaleándonos, y ahora, algunos años y premios después, nos hemos acordado de quién sin saberlo, evitó que se tirase todo un proyecto a la basura.

Estamos por ti, ayer, hoy, mañana y siempre, como aquel amigo al que no ves desde hace mucho, pero, al juntaros, sigue existiendo la misma relación como si el tiempo no pasase por vosotros.

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